lunes, abril 30, 2007


FRÍO

Tu carne helada como el aire,
los huesos enjutos y calmosos,
la mejilla de mármol roto,
la mano que cae delicada
y su rozar por el vientre nevado.
.
Tu mirada, un estanque tranquilo.
La rana que resbala del nenúfar.
El chapoteo misterioso de los ojos
y la pupila ahogada en la tristeza.
.
La palidez carnosa huye entre sombras
y me asalta una verdad.
El verdadero frío es estar sin ti.

viernes, abril 13, 2007

Otra de consumismos...










miércoles, marzo 21, 2007


Tras este largo lapsus de tiempo, vuelvo con un pequeño reportaje fotográfico sobre el tema del CONSUMISMO, algo que está cada día más presente en nuestras vidas. Colgaré algunas fotografías más.



1_ La mujer del montón

La fotografía representa a La señora del montón. He decidido titularla así para transmitir un doble sentido: la mujer que rebusca entre un montón de ropa y la mujer cotidiana, ciudadana trivial, ‘del montón’.

La toma es del domingo 11 de marzo en una plazoleta colindante a Tirso de Molina. Me impactó el amasijo de ropa sobre los stands del mercadillo, así que intenté fotografiar el estado del mismo. Durante el acercamiento, me percaté de una señora que ojeaba las piezas de ropa con cautela, incluso llegando a probarse alguna sobre el cuerpo. La perspectiva de sus brazos en alza, la disposición de su cuerpo, la ropa característica del prototipo de señora ‘vulgar’ o el apelotonamiento de la ropa y, sobre todo, el rasgo facial tan expresivo fueron algunos de los factores que más me marcaron a la hora de retratarla.

Resulta de vital importancia resaltar el rostro de decadencia y solitario de la mujer, así como la vestimenta, que parece que se presta para ocasiones especiales, esto es, que se toma el hecho de comprar como un evento importante en su vida.

viernes, febrero 02, 2007

CORAZONES HELADOS


Encuentre las 7 diferencias:


Seguramente hay más de siete. Lo que importa es el parecido más razonable: ella tiene el corazón de piedra y yo, hecho polvo el corazón.

Del corazón de piedra pasamos a El corazón helado, la última novela que ha escrito Almudena Grandes que saldrá a la venta en unos días y que tiene muy buena pinta. Ayer explicó de qué iba su libro en un acto ofrecido por el Foro Complutense en Madrid:


El día de su muerte, Julio Carrión, poderoso hombre de negocios deja a sus hijos una sustanciosa herencia con muchos oscuros de su pasado y de su experiencia en la Guerra Civil y la División Azul.
En su entierro, en febrero de 2005, su hijo Álvaro, desvinculado de los negocios familiares, se sorprende de la presencia de una mujer joven desconocida que parece delatar aspectos ocultos de la vida de su padre. Raquel Fernández Perea es hija y nieta de exiliados en Francia y lo sabe todo sobre la vida de sus padres y abuelos. Para ella sólo una historia permanece sin aclarar; la de una tarde que acompañó a su abuelo a visitar a unos desconocidos con los que intuyó existía una deuda pendiente. Álvaro y Raquel están condenados a encontrare porque sus respectivas historias familiares, que son también la historia de muchas familias en España, desde la Guerra Civil hasta la Transición, forman parte de sí mismos y explican además sus orígenes, su presente. También porque, sin saberlo, se sentirán atraídos sin remedio.

Con El corazón helado, Almudena Grandes nos entrega su novela más ambiciosa, en la que traza, a través de dos familias, un panorama emocionante de la historia reciente de nuestro país, y también del conflicto con la memoria de las nuevas generaciones.

La charla, muy amena y familiar (en la que también se habló de política, de la oscura etapa de la segunda República), fue interrumpida a las 19.55 horas a voluntad de todos los presentes. Nos unimos a esa iniciativa que ha demostrado en la práctica el enorme poder que tiene la voluntad de cada uno. Sería humanamente enternecedor que hiciéramos eso cada día, que apagáramos la electricidad de nuestras casas por cinco minutos, que desecháramos los restos tecnológicos, la zozobra artificial de nuestras vidas y apagar así la llama humeante y genocida del siglo XXI por unos momentos. Mientras el planeta se ahoga en un mar brumoso, de polvo y megabytes, seguimos apretando su garganta asfixiada con nuestras manos retorcidas y culpables, clavando los nudillos en su corazón helado.

(Cinco minutos no bastan para tomar el aire que le hemos robado durante tanto tiempo)

Volviendo al tema de la charla, la pasada semana estuve en la de su marido y también nos adelantó algunos detalles. Recitó dos preciosos poemas; uno, dedicado al fútbol; otro, a su madre que, según el escritor, siempre había pensado que sería una cursilería (un poema hermoso y cargado de emoción... nos contó que su madre siempre soñaba con viajar a París, pero nunca tuvo la oportunidad. Ahora, en la memoria, realiza ese viaje poético a la ciudad del amor). El título 'Vista cansada' , dice Montero, se lo ha puesto su oftalmólogo porque en una de sus revisiones le comentó que llegados a una edad, uno no ve con los mismos ojos juveniles. "Pero no pasa nada -acaba el poeta- porque, como en la vida misma, nos ponemos unas lentes nuevas y tan contentos".

[FOTO: por Laura, una noche de noviembre por Madrid]

jueves, enero 18, 2007

El paraíso





Cuando todo hubo acabado

su cuerpo levitó entre nubes.

Surcó los mares de algodón

palpando el tacto espeso de la luz

con sus manos de codicia. Y subió.

Ya en el cielo,

ansioso,

preguntó:


-¿Y el paraíso?

-Lo acaba usted de dejar atrás.

lunes, enero 01, 2007

















Navidad

Humo de leña,
escarcha en el campo,
aroma de invierno…

Las luces parpadean el amor,
las bengalas prenden fuego a otro año
donde los deseos brillan eternos
y palpita un secreto de canela.
Con el árbol de mi niñez
y la guirnalda de mis manos
busco en el belén de esta ciudad
la estrella que ilumine mi camino.
La inocencia de aquel niño que fui
se enfrenta ante el adulto:
el tiempo escuece
a esta infancia de hollín y mazapán,
y llora una lágrima en almíbar.

¿La fe?
a fin de año la descorcho
para que la espumosa realidad me enfríe
en este brindis por la vida
y se esfume así la manera de creer
en los sueños de rey mago.
Paz, felicidad y amor
son utopías turroneras
que Papá Noel prefiere colar
por la chimenea del iluso.

En la carta o en el saco
ni siquiera cabe el tiempo,
ni el tictac de unos ojos
muertos por querer vivir.

Otro año, el campanario hace balance
con los cuartos del propósito y la reflexión.

Doce uvas,
doce segundos,
doce veces la certeza
de que existo.
Dos mil siete sueños incompletos
en el reloj de mi juventud.

lunes, noviembre 13, 2006



CONCURSOS

¿Quién quiere ser millonario hoy en día
y cobrar ilusiones de hipoteca?
¿Quién se juega la suerte en la ruleta
y triunfa en la Operación Alegría?

Allá tú -la consciencia me decía-
¡mira quién baila! con doble careta.
Desafiarte bajo hielo es la meta
y hacerte la pregunta más impía:

¿Quién pone el precio justo a la esperanza?
Con la uve de valiente aquí en la mano
le paso la palabra a la arrogancia.

Saber y ganar, ahora es la venganza
de cualquier aspirante a gran hermano,
sin más nominación que la ignorancia.

martes, noviembre 07, 2006















CADA LUZ, CADA ESQUINA

Los primeros días
son los peores.
Luego se acostumbra uno
a recorrer las calles en pijama
fruto de una novatada adolescente,
a saborear las cantigas
que adoran con sus letras
a los viejos del Mayor.
Apenas se ha marchado el verano.

La cálida esperanza de este alumno
hipnotizado
merma en la avenida Complutense.
Las mañanas enguyen
el borde de los libros.
Hasta que uno aprende a reírse de las horas
y a manosear el tiempo a nuestro juicio.

Te desnudas poco a poco
sobre un eje que gira tibiamente
y besa tu cara cada mañana.
Ves una muchacha limpiarse el sudor
de la frente,
acompañada de páginas
interminables que releen
el carmín de los labios,
camino de la biblioteca.

El ardor del café en la garganta
ya me huele a lo lejos,
y siento ansias de apretar
el otoño entre los dedos.
La hoja que cae del árbol
no es una hoja,
es el presagio de un Madrid
que pide a gritos una brisa de invierno,
una lluvia que espante
a los jóvenes a sorber tazas de té
en cualquier plazoleta.

Pronto sufren los paraguas
el impacto del invierno,
las calles juegan a pintarse de blanco
y las fachadas de un gris espeso.
Ya lucen las señoras sus abrigos
de piel y pana gruesa.
Los jóvenes muestran sus bufandas,
que son arcoiris de colores dibujados en el aire.
En la costra generada por la escarcha,
somos torpes bailarines que resbalan
sin querer hasta caer al horizonte infinito.

Arrecia una nevada
que nos empuja a la boca de metro.
Al borde del andén se respira aire fresco
que ha ventilado las alcantarillas.
Y ya recorren las ratas desoladas por el frío,
huyendo de las luces navideñas.
Inclinan el hocico y por fin
encuentran un hueco donde meter
sus patitas al calor de la oscuridad.

Observo nuestras risas
reflejadas en el vagón de enfrente.
Y nos bajamos en Sol,
para pasear plácidamente por la Plaza Mayor.
Acabamos derrotados en el césped,
con las manos relamidas y oliendo a chocolate.
Y entonces,
nos vemos abrazados
por este invierno inventado
en cada luz, en cada esquina.